JAÉN : Castillo de Santa Catalina

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Panorámica del Castillo y la Cruz, desde la terraza alta del colegio.

   Está situado en el Cerro de Santa Catalina (luego diremos por qué se le llama así), a unos 820 m. de altitud.

   Aunque existen indicios de que el Cerro estuvo habitado desde mucho antes, las primeras edificaciones militares parecen ser del siglo III o el siglo II a.C.  Los íberos, los cartagineses y los romanos levantaron las primeras construcciones.
  
A partir del s. VIII (ya en la época islámica) se amplía el recinto fortificado, que adquiere su máxima extensión en el s. XIII.

   El castillo, en su aspecto actual, data del s. XIII, cuando el rey Fernando III conquista la ciudad de Jaén y su castillo, que estaba en poder del rey Al-Ahmar.  Luego, en s. XV, el Condestable Miguel Lucas de Iranzo emprenderá una importante reforma.

   Cuentan que el rey Fernando cercó Jaén hasta tres veces; al final, desanimado por la fuerte defensa que oponía la ciudad, pensó en levantar el cerco.  Pero una noche se le apareció en sueños Santa Catalina de Alejandría animándole a continuar su empresa.  Al día siguiente, el rey Al-Ahmar se presentó ante Fernando III para pactar la entrega de la ciudad.  Al tomar posesión la fortaleza, el rey le consagró a la Santa una pequeña capilla en el castillo y desde entonces Santa Catalina es patrona de Jaén.

   Ya en el s. XIX, las tropas francesas de Napoleón llegan a Jaén y se apoderan del castillo modificando algunas partes.  El polvorín, el hospital, las caballerizas, la plataforma de artillería y la zona de oficinas son de esta época.  Curiosamente –por emplear un término suave– al abandonar la ciudad volaron el castillo con explosivos, como era su costumbre.  (Sabemos que, al dejar Granada, también intentaron volar la Alhambra, aunque un soldado español pudo cortar a tiempo las mechas de los barriles de explosivos).

Foto derecha: panorámica del castillo en la Guerra de la Independencia, a la derecha se advierten las edificaciones francesas.

 

Fotos abajo: Maqueta del Cerro de Santa Catalina, con la Cruz,
el Castillo, el Parador y los restos de las antiguas murallas.
Y plano simplificado del Castillo en su estado actual.


Fachada Norte, marcando las torres. Acceso al recinto por la carretera de subida.
Patio visto desde el oeste; al fondo, Torre de la Vela. Desde el este; T. Homenaje, Damas y Capilla Sta. Catalina.

   Por muy breve que sea –como esta– una reseña sobre el Castillo de Santa Catalina, quedaría mucho más incompleta si no dijéramos siquiera una palabra sobre la Cruz.  Te invitamos a verla, pulsa aquí .

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